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ASÍ ES LA VIDA EN UNA COMUNIDAD EMBERÁ

Panamá ofrece a los viajeros posibilidades de ocio casi infinitas. Playas paradisíacas, historia, selva inexplorada, rincones exóticos… Pero hay una experiencia casi única que se puede hacer en pocos lugares del mundo: convivir con una comunidad indígena.

En Panamá hay siete pueblos aborígenes: Ngôbe-Buglé, Guna, Emberá-Wounan, Naso o Teribe, Bokota y Bri Bri. Sus zonas de influencia y su población han ido en descenso en las últimas década, pero algunos grupos aún mantienen gran parte de su cultura intacta.

Uno de los que mejor ha conservado sus tradiciones es el de los Emberá-Wounaan, conocidos también en otras épocas como citares, zirambiraes, citabiraes o chocoes. Se trata de dos etnias que comparten territorio, gobierno local, vestuarios, hábitos y costumbres, pero se diferencian en el idioma: los emberás hablan el emberá y los wounaan el nómara. Habitan principalmente en dos zonas del país: el área Emberá-Wounaan en el Darién, y en Emberá Drua, en el distrito de Panamá.

Entraron al istmo alrededor del siglo XVIII procedentes de la región del Chocó, en Colombia y, según los últimos estudios, antes de la llegada de Colón ocupaban tierras de Brasil.

Sus actividades principales son la horticultura itinerante y la pesca. Practican también la caza y la recolección. Sus casas están construidas sobre pilares para protegerlos de las inundaciones, con el techo cónico fabricado con hojas de la planta conocida como guagara, aunque también utilizan la Palma Real. El piso es de corteza de palma llamada jira y duermen sobre esteras que hacen con cortezas de árbol o hamacas.

Para el urbanita medio, que viaja a Miami regularmente a hacer sus compras o se aloja en su casa de Coronado, visitar una se estas comunidades probablemente nunca entre en sus planes. Lamentablemente, los indígenas, los únicos pobladores originales de nuestro país, son considerados aún por muchos como un grupo inferior.

Sin embargo, conocer de primera mano su cultura es una experiencia inolvidable. Al contrario de lo que mucha gente piensa no son salvajes ni incultos. Tienen estructuras sociales muy desarrolladas y su cultura mantiene conocimientos ancestrales basados en tradiciones y en la madre naturaleza.

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Nosotros hemos querido conocer estas costumbres de primera mano y nos hemos ido hasta la comunidad de La Chunga, en Darién. Siguiendo la interamericana hasta Metetí, hay que dirigirse hacia Puerto Kimba (en total unas cuatro horas, aunque se puede ir en avión hasta Sambú). Desde allí la barca debería demorar menos de tres horas en llegar. Una recomendación: asegúrate de que sea una barca de fibra y no un cayuco de madera, puede parecer una experiencia muy “local” pero cuando van cargados, los cayucos son peligrosos y el viaje puede demorar tres o cuatro horas más de lo habitual, que son unas dos horas de mar abierto a través del Golfo de San Miguel, dejando a la izquierda una costa casi virgen, hasta llegar a la desembocadura del río Sambú. Remontar esta serpiente de agua dulce es una experiencia incomparable. La sensación de calma, la ausencia de pueblos o restos humanos, la exuberante vegetación hace que este tramo sea una especie de paseo en el que uno puede imaginar que está en el mismísimo Amazonas.

El destino final es la comunidad de La Chunga, en medio de la selva del Darién. Se trata de unas pocas decenas de casas construidas sobre palafitos, una escuelita, un edificio más grande para las reuniones, varias letrinas y poco más. Aunque están acostumbrados a las visitas de los turistas, sus habitantes varían poco sus rutinas habituales.

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Nada más llegar los niños rodean a los turistas sin mayor intención que curiosear y jugar, y a poco que te dejes te verás dentro de un juego de fútbol en el que los equipos pueden ser de veinte contra veinte. Los más pequeños se quedarán embelesados si les haces una fotografía y luego se ven en la pantalla.

El día transcurre con calma, dando una caminata por la selva con algún guía local, remontando el Sambú, o simplemente bañándote en la pequeña poza del arroyo que está junto al pueblo.

Los habitantes de La Chunga son agradables y están siempre dispuestos a compartir sus actividades a poco que te acerques con una sonrisa hasta ellos. Poco después de la puesta del sol (cuidado con los mosquitos a esta hora) todo queda a oscuras, solo unas pocas guarichas con su olor a queroseno se mantienen encendidas. Y después de la cena (arroz, huevos, algunos vegetales, salchichas, etc), poco queda por hacer más que ir a dormir.

En realidad no hay habitaciones, sino que una gran construcción elevada con camas cubiertas por mosquiteras hace las veces de dormitorio común. Es entonces cuando la selva se apodera de todo. De cualquier lugar surge un ruido, un chasquido de la maleza o el ulular de un búho.

Por la mañana la comunidad organiza un baile para los visitantes, venden sus artesanías y pintan a quien quiera con sus pinturas. Las negras se extraen del fruto del árbol de jagua, las rojas del achiote. Ten cuidado porque duran varios días, si tienes que ir a la oficina el lunes y pretendes pintarte la cara recuerda que llegarás ataviado como un emberá por mucho que te empeñes en frotar.

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Cuando uno se va tiene la sensación de abandonar un lugar casi perdido en medio de la selva (en realidad es así), y de que sus habitantes, con lo poco que tienen, viven aparentemente felices, alejados de casi todos los problemas del urbainta medio, apenas preocupados por pilar su maíz o reparar su cayuco.

Opciones para pasar el día

Si no quieres hacer noche fuera, hay dos lugares interesantes para acercarse a la cultura emberá.

escapadas_06El primero está cerca de la ciudad, en la rivera del lago Gatún, cerca ya de Colón: la comunidad Emberá Quera, aunque también es la más turística. En Panamá hay muchas agencias que hacen esta excursión pero son más caras que si las contratas directamente con los habitantes de la aldea, y además todo el dinero se queda allí. Para llegar puedes ir en tu propio carro o ellos mismos gestionan un transporte privado por cien balboas ida y vuelta.

Después de un breve trayecto en barca el visitante llega a la comunidad y sus habitantes los reciben cordialmente, ataviados con sus ropas y pinturas típicas. Podrás visitar sus viviendas, comer con ellos, ver cómo tejen sus famosas canastas, participar en sus danzas e integrarte en su rutina diaria.

La segunda opción es la de la comunidad Piriatí Emberá. Es quizás la menos visitada y se puede llegar en carro por la carretera Interamericana en dirección a Darién, cerca del lago Bayano. Recientemente el Gobierno ha tirado la mayoría de las construcciones tradicionales para construir viviendas nuevas, pero aún quedan algunas en pie y podrás compartir con ellos su comida, su historia y sus danzas. La visita merece la pena también para apreciar sus pinturas corporales, ya que las mujeres que las hacen aquí son las más reconocidas entre los emberá. Además podrás visitar las famosas cuevas del Bayano.

LAS PINTURAS EMBERÁ
La pintura facial y corporal emberá está ligada con su concepción del mundo, es una de las escapadas_03manifestaciones más importantes de su cultura. Unos a otros se pintan la piel, soporte para plasmar las complejas relaciones de los emberá, donde cada planta, cada animal, cada elemento tiene un lugar en el cosmos y una razón de ser.

Las pintura negra la obtienen de la jagua, y la roja del achiote. La aplicación se realiza con palitos de madera en forma de tenedor de uno a cuatro dientes. El pigmento se incrusta en la capa externa de la piel, permaneciendo indeleble hasta que es naturalmente exfoliada -cuando la piel se renueva- a los 10 o 12 días.

La pintura facial generalmente ocupa la mitad inferior de la cara, desde el labio superior hacia abajo. La corporal se realiza con franjas de tintura negra en piernas, brazos y torso, los espacios en blanco se utilizan para diseños geométricos.

Según la ocasión, los motivos pintados cambian. En los bailes tradicionales, por ejemplo, se plasma el animal que quieren representar en la danza: oso, culebra, etc. Para seducir y enamorar se utilizan motivos en rojo sobre los pómulos y los labios.

La pintura en la cosmología emberá tiene muchos usos: protegerse de los espíritus (jai) malos y de las enfermedades (malestar estomacal o afecciones de la piel, por ejemplo); dar fortaleza a los bebés y jóvenes; ocultarse de los espíritus luego de un funeral; propiciar estados anímicos positivos a jóvenes y viudas, identificarse, embellecerse, expresar estados de ánimo, enamorar, comunicarse con los espíritus, etc.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

  • Comunidad Emberá La Chunga. Solarte Barqueno organiza visitas de dos días y dos noches con todo incluido (excepto el viaje hasta Puerto Kimba) para dos personas por $675. Contacto: 6655-0984 o tripdarienpanama@yahoo.com
  • Comunidad Emberá Drúa. La visita de un día para dos personas cuesta 180 dólares, en incluye la comida, barca, visita a una isla para ver monos, danzas etc. Si quieres pasar la noche el precio es de 270 dólares para dos personas con todas las actividades del día, tres comidas, gira nocturna para ver caimanes y un taller a elegir: interpretación de flora y fauna, artesanía emberá, pesca tradicional, etc. Contacto: Atilano Flaco, 6703-9475 o emberaquera@yahoo.com
  •  Comunidad Piriatí Emberá. Es la menos preparada para el turismo. No hay un precio fijado. Depende del número de visitantes. Contacto: Mara, 6902-9151.

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