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¿AÚN CREES EN LA SUERTE?

“Msabu sangra, y ha perdido una res. El león está hambriento, ha perdido su presa. La carreta pesa, falta una res para tirar de ella. Dios está feliz, él juega con nosotros” decía Karen Blixen en África mía. A la pobre Karen le pasaba de todo, y saber que se trataba de una historia real novelada me llenaba de pena. Pero no voy a hablar de películas, voy a hablar de la idea de que Dios juega con nosotros, o al menos de la posibilidad de que sea así.

Con mi amiga Daniela tenemos una broma desde hace años: cuando nos sucede algo, solemos decir: “ya está él señalándonos con el dedo y partiéndose de risa”. Es que la idea de un ser superior se llame como se llame (esto no va de religión) controlando todo y manejando las vidas humanas desde un cósmico súper-mega-ordenador, dándole a las teclas que provocan instantáneamente un resultado –bueno o malo- en la existencia de cada uno de nosotros, parece ser una hipótesis aceptable. Hay muchas teorías al respecto, lo que cambia es el elemento: que si es una computadora, que si son dados, que si es un gran puzle que va completando pacientemente, que si se trata de una compleja partida de ajedrez. En fin, es como si “alguien” dirigiera el curso de nuestras vidas y nosotros fuéramos meras piezas.

Y sí, entonces surge la eterna duda ¿existe el destino? Más allá de creencias religiosas y teorías filosóficas, la realidad es que a veces parece que ya estuviera escrito y que no podemos hacer nada para modificarlo. Otras dudamos y nos tienta la idea de que nosotros lo forjamos con nuestros actos. Algo que hace que la balanza se incline hacia una ideología u otra es la edad: cuando somos adolescentes solemos creer en él, pero al llegar a la madurez pasamos a considerar que es nuestro esfuerzo el que nos ha llevado a tal o cual situación.

Y por ahí, en algún punto del camino, aparece la circunstancia inesperada, aquella que no pinta nada, no entiendes cómo se ha producido y no sabes a qué te va a llevar. Ese es el momento en el que miras hacia las nubes y preguntas ¿estás seguro de esto? ¿Has bebido?

Sí, sí, el tema del destino está emparentado directamente con la ley de las casualidades, causalidades y todo eso, algo que no hace más que aportar desorientación y dependiendo del caso, miedo. Voy a daros un ejemplo muy personal: una amiga se dirigía a su trabajo como cada día, caminando por la acera y pensando en sus asuntos cuando, de pronto, se le cae en la cabeza una pesa de cinco kilos. Si sumamos a eso la distancia (nueve plantas) y la velocidad, el golpe era mortal. Añadiré que el responsable fue un awebao que estaba entrenando en su balcón y ¡ops! se le escapó de las manos. Mónica, mi amiga, lleva un año intentando recuperarse pero lo más probable es que le queden secuelas irreversibles.

Por supuesto no siempre esos eventos repentinos del destino, los que hacen que todo cambie en un segundo, son terroríficos como el de mi amiga. Los hay divertidos, asombrosos, positivos, sublimes. Lo que no sabremos nunca es por qué se producen unos u otros y qué número nos toca en la lotería. Últimamente hay ejércitos de positivistas que sostienen que es tu pensamiento el que mueve los hilos, que tú eres el arquitecto de tu propia existencia. No acabo de verlo claro, ahí está Mónica para ponerlo en duda.

Es un tema muy complejo para tratar aquí, pero me lleva al siguiente análisis: ¿por qué hay gente que actúa como si fuera inmortal? No estoy sugiriendo que vivas pensando constantemente en que vas a morir, pero sí deberíamos tener presente que una milésima de segundo cambia el transcurso de nuestra vida y que la impunidad, la crueldad, la mala leche pueden saldarse con un melón que, a cierta altura, está esculpiendo su cuerpo serrano y tomando Gatorade.

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