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Siete rincones secretos

Escapar del mundanal ruido a veces no es fácil. Sigue nuestra ruta y desconecta de todo.

Arena, sol, palmeras, hamaca, bebida, olas… Tranque interminable, gente compartiendo su reggaeton, cochinos que tiran sus latas… Son algunas de las cosas buenas, y de las malas, del verano. Sin embargo, hay vida más allá de Gorgona, San Carlos o playa Langosta.

Panamá tiene casi 3,000 kilómetros de costa, entonces ¿por qué tenemos que ir todos a los mismos lugares? En este artículo queremos sacarte de la rutina y descubrirte siete lugares solitarios para desconectar. Empezamos la ruta en Chiriquí, en la isla de Boca Brava, exactamente en una pequeña península en su lado sureste. Allí se ubica el hotel Cala Mia, un complejo con 11 bungalows a escasos metros de la playa, con piscina panorámica y múltiples posibilidades: pesca, buceo, avistamiento de ballenas, rutas a caballo, conviviencia con familias Ngöble-Buglé… Precio desde $259 para dos personas con desayuno.

 

FOTO-3EL PARAÍSO ESTÁ EN AZUERO

Desde allí nos vamos acercando a la península de Azuero, donde el turismo masivo aún no ha hecho de las suyas y donde se pueden encontrar destinos tranquilos y playas kilométricas casi desiertas. El primero es isla Cébaco. En su lado sur se ubica la espectacular playa Grande, de arena blanca y fina, solitaria, larga y ancha. En ciertas épocas puede haber algunos surfistas que duermen en las casas de los pocos habitantes de la zona o en sus carpas. Eso sí, hay que llevarlo todo porque no hay donde comprar.

Volvemos a tierra firme. Casi al frente de Cébaco está Torio, que mantiene el encanto de los pueblos del interior, la amabilidad de sus gentes y el ritmo pausado de la vida. La playa es larga, ideal para hacer surf. Cerca hay otras playas como Reina o Morrillo, que también merece la pena visitar. Un consejo: gírate y mira al interior, ya que los paisajes en esta zona parece que están pintados de verde fluorescente. Y para descansar, un par de recomendaciones: el Hotel Camino del Sol, desde $160 la habitación doble, y Punta Duarte Garden Inn, desde $85.

Bajando por Azuero llegamos a Cambutal. Su paisaje parece el escenario de Jurassic Park, por la exuberancia de su vegetación y por el enorme tamaño de su playa, donde no es raro cruzarse con algún local a caballo. Es, además, un paraíso para los surferos, y no tiene, de momento, el bullicio de Venao. Allí te recomendamos el Hostal Kambutaleko, desde $45 la habitación, con acceso direacto a la playa y unas privilegiadas vistas. Para bolsillos más adinerados la opción es el Hotel Playa Cambutal, desde $135.

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DE DARIÉN A COLÓN

Seguimos en el Pacífico pero nos saltamos toda la zona turística y de resorts para llegar a Darién, a Playa Muerto. Este pequeño pueblo es una de las pocas comunidades emberá costeras de Panamá, y queda fuera de la comarca Emberá-Wounaan. Muy pocos turistas llegan aquí, pero la mezcla entre cultura indígena, playas vírgenes y selva primaria hacen de Playa Muerto un lugar casi único. Olvídate de comodidades, aquí no hay hoteles ni restaurantes, apenas unos ranchitos elevados para poner la hamaca o la tienda de camapaña por $5, aunque también puedes hacerlo en la playa. Con la marea baja acércate a otras playas casi vírgenes como Fondeadero, Chorrito o Cocal.

Y nos vamos al Caribe, una costa virgen en algunos tramos, como el llamado Golfo de los Mosquitos, que va desde la península Valiente, en la comarca Ngäbe-Buglé, pasando por la costa norte de la provincia de Veraguas, y que finaliza en la desembocadura del río Coclé del Norte, al oeste de Colón. Allí hay playas espectaculares y vírgenes como Aguacate, Limón, Caimito, Palmira… aunque tienen un pequeño problema: el acceso es posible únicamente por barco. Para hacerse una idea de la zona un buen lugar es Nuevo Chagres, donde está el Hotel Morgan Bay, un alojamiento sin lujos pero correcto, con acceso directo a una pequeña y solitaria cala donde disfrutar de las aguas del Caribe con precios desde $12.

Saltamos todo el Golfo de los Mosquitos y llegamos a la península Valiente, en la comarca Ngöbe-Buglé. La zona es prácticamente virgen para el turismo, pero esconde rincones de una belleza incomparable. En la parte norte de la península está Kusapín, el pueblo más grande, en una zona perfecta para surfear. Hacia el sur las opciones son dos: hacer una ruta a pie de unas cinco o seis horas hasta Tobobe con un guía, o tomar un bote y recorrer la costa. Por el camino, playas desiertas de arena blanca, arrecifes de coral, pequeñas aldeas… Para dormir tendrás que llevar hamaca o tienda de campaña y la mayoría de las provisiones.

Nosotros ya te hemos dado las opciones, ahora tu decides si quieres salir de lo habitual o seguir peleando por un ranchito en la playa de turno.

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